El tango me encontró a los 5 años, con la partida de mi madre y el amor de mis bisabuelos, en donde esperábamos ese programa de TV que era nuestro favorito.
Cada paseo de la mano de mi bisabuelo era un tango, cada camino era caminito...

15 años más tarde, sin pensarlo, pero sin dudarlo, comencé a bailar.
Al poco tiempo, profesionalmente.
Un día salté al vacío de ser artista, viví, amé, disfruté, me llené de amigos, conocí más lugares y personas de las que mi memoria pueda recordar, pero mi corazón sí las recuerda.
Fui profe y, con solo un par de zapatos, muchas ganas y algunas personas que me ayudaron, recorrí muchos lugares, enseñando este arte y haciendo shows y exhibiciones, como:


